Registros

Verónica Iturra – “A mi madre”

Nació en Butalón Norte, cuna de grandes cantoras, y creció escuchando la música del norte neuquino; su padre tocaba la guitarra y ése es el instrumento con el cual quiere perfeccionarse. Verónica escribe sus propias letras y es la primera vez que graba profesionalmente. Aunque el nombre de “cantora” –dice- es muy grande para su juventud, acepta con orgullo el desafío de mantener viva la llama de la cultura regional.

Susana Valdez – “El día que no te veo”

Es docente oriunda de Andacollo, pero su vida transcurre en Chos Malal. Hija del cruce entre una Cantora y el destacado poeta Chango Valdez, desde su primera infancia participó en fiestas familiares, religiosas, campesinas y actos escolares donde se inició. Escribe sus propias letras y recopila junto a sus alumnos las letras del repertorio que conforman este cancionero popular. Es su primera grabación profesional.

Marta Barros – “Ni una menos”

Hija de crianceros, de abuelos y padre cantor, la música recorre sus venas y su historia familiar. Marta nació en Las Ovejas y actualmente vive en Andacollo. A diferencia de otras cantoras comenzó a cantar hace quince años en una suerte de homenaje póstumo a su padre. Reproduce el repertorio tradicional del canto campesino y también es autora de tonadas y décimas comprometidas con la situación actual como el movimiento “Ni Una Menos” dedicado a Carina y Valentina, o canciones vinculadas a la problemática medioambiental.

Silvia Canales – “A la Cantora”

Esta cantora proveniente de El Cholar es docente en su pueblo, y viene de una familia de crianceros. Dio sus primeros pasos en las fiestas y reuniones familiares como las de San Juan, las Cármeles y San Sebastián, todas amenizadas por parientes guitarreros y una bisabuela cantora de origen chileno; en ese ambiente se formó. Luego estudió como pupila en Junín de los Andes, donde aprendió a tocar la guitarra, dando sus primeros pasos en las misas y actos escolares. En 2008 se presentó por primera vez en un escenario, en la Fiesta del Ñaco celebrada en su pueblo, y desde esa fecha se ha presentado con sus cuecas, tonadas y zambas en varios escenarios del país, e incluso también en el extranjero. Asegura que la cantora es portadora viva de su cultura, de un estilo de vida y del valor de estas mujeres que a pesar de las adversidades mantienen viva la tradición.

Sabina Millaqueo – “Déjenme morir llorando”

Nacida en el Paraje Mallín Grande de Charileo, canta temas que aprendió en un contexto familiar de guitarreros y cantoras, donde las mujeres de la familia cantaban y los hermanos varones tocaban la guitarra. Sabina cuenta que después de rezar una novena a San Antonio, su padre les pasaba la guitarra a cada una para que pudieran tocar y practicar un poco, aunque sea con una sola cuerda. Le gusta cantar cuecas y tonadas; manifiesta que le gustaría seguir aprendiendo y confiesa que extraña hacer el dúo con una de sus hermanas teniendo el desafío de tocar sola en los escenarios.

Laura Millaqueo – “Una tarde estando sola”

Pertenece a una familia de cantoras del Paraje Mallín Grande de Charileo, cerca de Barrancas, donde aprendió a temprana edad de su mamá, su abuela y otros familiares vinculados a la música. Se presentó en fiestas familiares a partir de los doce años, pasando luego por varios escenarios de las fiestas patronales del Norte Neuquino y de otras provincias. Expresa que le gusta cantar “lo que le nace de adentro” como cuecas, tonadas, rancheras y corridos, registrando sus canciones sólo de manera casera.

Mercedes Valdez – “A mi padre”

Mercedes contribuye a la nueva generación de cantoras que perpetúan la rica tradición del canto campesino del Norte Neuquino. Pertenece, como muchas cantoras de la región, a una familia donde se respira y se siente la música, y es nieta del reconocido Chango Valdez. Continúa la tradición familiar y está contenta de grabar por primera vez, de seguir incursionando con este canto que es “algo nuestro, algo que cuidar”, afirma.

Marta Guajardo – “Adiós corazón amante”

Nacida en Los Miches, aprendió mirando a sus mayores como la gran mayoría de las Cantoras Campesinas del Norte Neuquino. De madre cantora, al compás del dictado de su taller de artesanías ha enseñado a sus alumnas a expresarse a través del canto. A partir de los doce años ha transcurrido su vida con su compañera inseparable, la guitarra, al son de cuecas, tonadas y décimas.

Lidia Millaqueo – “Tus ojos morenos míos”

Al igual que sus hermanas, Lidia pertenece a una familia de cantoras. Nacida en el Paraje Mallín Grande de Charileo, en cercanías de Barrancas, aprendió de su mamá y de sus hermanas mayores y de todo un linaje de mujeres campesinas, provenientes de Chile. Se disputaba la guitarra con sus hermanas, por ello su mamá le hizo una guitarra de una lata de aceite, con cuerdas y el mástil de una guitarra vieja: así pudo aprender a cantar y tocar.

Karen Alarcón – “Te fuiste”

Esta joven cantora oriunda de Los Guañacos proviene de una familia de músicos y cantores reconocidos de la zona, como su abuelo Don Rodolfo Herrera. Desde temprana edad toca la guitarra y canta en un proceso de aprendizaje, que según su decir, aún no ha culminado. Además de cantar el repertorio tradicional, escribe sus propios temas vinculados a su experiencia de vida, cantando además tonadas, cuecas, corridos, valses y rancheras, siendo éstas últimas sus favoritas.

Ester Castillo – “Nací tan alegre al mundo”

Doña Ester Castillo nació en Butalón Norte hace más de setenta años. Es una cantora popular muy reconocida del Norte Neuquino con una gran trayectoria, que se ha presentado en diferentes escenarios de Neuquén, Mendoza y Chile. Grabó su primer disco en 1997, el cual se titula “Mi Canto Popular”. Actualmente reside en Invernada Vieja, muy lúcida, activa, y con el orgullo de tener hijos que también se dedican a la música.

Eledina Pilquiñan – “El negrito”

Con sus casi ocho décadas de vida, vive en el Paraje Naunauco. En su adolescencia llegó al hogar familiar su abuela desde Chile, quien le enseñó a tocar y cantar, aprendiendo tonadas, valses y cuecas, con un estilo antiguo similar a las formas que se tocan y cantan allende los Andes. Por situaciones personales durante muchos años dejó de cantar, pero retomó por la insistencia de sus hijos, recordando así las letras y tonadas que escribe y recopila. Devota del Gauchito Gil canta en fiestas religiosas y en ocasiones especiales.

Bersabé Romero – “Que pajarito es aquel”

Nació en Ranquilco y reside en Taquimilán hace más de veinte años, donde retomó el canto recientemente influenciada por su fe religiosa. El rol del canto en su vida se desplegó siempre en el ámbito familiar y pasó muchos años sin cantar por la muerte de un ser querido. Aprendió a tocar tonadas, valses y cuecas siendo joven en el contexto campesino “a escondidas” dice. A los quince años tocó en público por primera vez en fiestas devocionales de San José y María Auxiliadora, y recuerda que en los inicios tocar y cantar fue un juego y un divertimento familiar en una familia numerosa. Escribe sus letras y recopila el cancionero popular y anónimo. Defiende y reconoce el valor y las diferencias de matices en las voces y los estilos de las cantoras.

Donatila Millaqueo – “Mi Dios por que es poderoso”

Donatila aprendió mirando y escuchando a sus mayores, de madre cantora y padre afinador de guitarra, comenzó a cantar a los doce años aunque cuando se casó dejó de hacerlo por mucho tiempo, retomando este antiguo arte regional y familiar recientemente. Canta letras aprendidas de tonadas y cuecas, siendo el contexto de su canto las fiestas campesinas. Proveniente de una familia numerosa, de quince hermanos, todas las mujeres tenían la sana costumbre de cantar.

Las hermanas Pardo – “Cuando salí de mi casa”

Viviana Mendez – “Querida prensa del alma”

Luz Elena Vázquez – “El norte de Neuquén”

Margarita Medel – “A mi abuela”

Ramona Vázquez – “Doce palabras”

Rosa Villar – “Lucero de la madre”

Alba Rosa Cofré – “Quiero manifestar mi dolor”

Teresa Contreras – “La huérfana”